Escrito #3: En casa

El confinamiento obligado por la activación del estado de alarma en España, es algo a lo que ningún ciudadano se había enfrentado anteriormente. Ya hemos cruzado la barrera de las dos semanas y me apetecía escribir algo sobre ello.

Estar todo el tiempo en casa, durante muchos días, puede tener sus ventajas e inconvenientes, aunque en el peso de cada uno de estos aspectos, tiene mucho que ver la persona que los evalúe, sus circunstancias y el grado de autocontrol de cada individuo.

Está claro que no es lo mismo pasar la cuarentena en un piso pequeño, sin apenas iluminación exterior y con dos hijos pequeños, que hacerlo en un amplio chalet con jardín, ni tiene nada que ver discurrir por este período en soledad, que hacerlo acompañado. Mencionar, que no es lo mismo la reclusión tras haber perdido el empleo y no tener certeza de ser capaz de recuperarlo, que en la situación contraria o hacerlo conociendo que personas afines están infectadas por el virus.

De todas formas, pienso que tiene importancia la actitud de cada persona a la hora de enfrentarse a un estado prolongado de alarma como el que estamos viviendo.

Quien dedica este tiempo a pensar que está bien fastidiado, que lo único que quiere es salir a la calle y que para cuándo volverá a los bares con amigos y a viajar por el mundo, lo debe estar pasando fatal y ya he podido hablar con alguna persona por teléfono que me ha comentado tener esas sensaciones. Mala cosa. Por una parte, la situación va para largo, por otra, estar en permanente estado de ansiedad y desánimo, no va mejorar nada en la persona afectada, mas bien al contrario. Por otra, cuando logremos controlar al dichoso bicho, pocas cosas van a ser como antes. Las personas van a mantener ciertas medidas de comportamiento similares a las actuales durante mucho tiempo y se aumentarán las medidas de seguridad personal. No habrá un día D, a partir del cual el virus desaparece por completo y todo como antes, sino que esta fase irá evolucionando muy poco a poco.

Además, no olvidemos que la economía española va a quedar fatalmente dañada en muchos sectores de la sociedad, lo que afectará a cientos de miles, quizás millones de personas, y las consiguientes familias, y esta situación repercutirá negativamente en los hábitos y costumbres de todos, así como en el mapa de comercios a los que estábamos (en pasado) habituados.

Como todos, nunca he vivido nada igual, aunque tuve claro desde el primer momento que no era una simple gripe y que tocaba recluirse.

Mi vida normal, la anterior a la epidemia, me obligaba a pasar mucho tiempo, a veces demasiado, fuera de casa y con frecuencia echaba de menos algo más de tiempo en el hogar, por lo que agradezco este momento para conseguirlo.

Una vez en casa, son muchas las actividades que estoy realizando, comenzando por la dos principales: leer y dibujar. A diario. Además, he retomado la escritura, que tenía abandonada, Por otra parte, estoy dedicando tiempo a la formación en diversas materias, a través de las múltiples opciones con que contamos mediante Internet. Lo hago siempre, aunque ahora, con más frecuencia e interés. A esto añado la visualización de series y películas. Y, cómo no, importantísimo, disfrutar de pasar más tiempo con mi mujer.

Diariamente me comunico con dos o tres personas de mi entorno, con las que mantengo conversaciones telefónicas o videotelefónicas, para no perder el contacto y, sin prisas, estoy ordenando muchas cosas, como ropa, libros, material de dibujo, etc. Incluso, los días soleados, disfruto de un baño de sol en la terraza. Todo un lujo.

Así visto, el confinamiento obligatorio (importante este matiz), no lo valoro como un castigo y pienso que se puede vivir de una forma menos amarga, más productiva, todo es cuestión de cómo se lo tome cada cual.

Me gustaría que cada personas pudiese pasar este tiempo aprovechando para hacer algo que le guste o algo que nunca haya podido disfrutar, como cocinar, leer, hacer un curso, comenzar por fin con el inglés, recuperar los cromos de la infancia, estar con la pareja y/o los hijos o aprender a meditar.

Recuerdo una campaña publicitaria de la marca de whiskye Dewar’s White Label con la imagen del actor británico Liam Neeson, en la que aparecía la siguiente frase, que supongo que diría el citado actor: ‘Cosas que hacer antes de morir: vivir’.

Me gusta salir a la calle, pasear, caminar, correr, viajar, tomar unas cervezas con amigos y sentirme libre para ir y venir. Me encanta. Sin embargo, ahora toca quedarse en casa. Y eso hago de la mejor manera que puedo.

Escrito #2: Charlando con dos adolescentes

Durante los últimos días, he tenido la oportunidad de charlar animadamente con dos jóvenes, ella de 16 y él de 13 años, en cuyas conversaciones hemos hablado de diversos asuntos.

Llegó un punto en el que la joven, estudiante de primero de Bachillerato, comentó que el próximo curso deberá hacer una selección de tres de los estudios universitarios que le gustaría cursar, entre los cuales, uno será el seleccionado (no conozco bien el procedimiento). Según su deseo, el primer lugar lo ocupa Marketing, luego Económicas y, finalmente, ADE (Administración y Dirección de Empresas). Hablamos un rato sobre ello y me quedó claro que se decanta por el Marketing, porque se adapta a sus gustos y por las posibilidades que tiene en el mundo en el que vivimos, en el que el Marketing tiene una presencia constante en nuestras vidas, incluso más de lo que podemos pensar. Constaté que no es una elección al azar, sino que tiene cierto tiempo de maduración en su joven mente.

Cuando finalizó su exposición, miré al chico, estudiante de Segundo de E.S.O., que estuvo atento a la conversación mencionada, y le pregunté por sus hipotéticas elecciones, más lejanas en el tiempo debido a la edad. Me sorprendió que no dudara un instante en decir que le gustaría estudiar Ciencias del Deporte y dedicar su vida profesional a tareas relacionadas con la forma física, el entrenamiento deportivo y asuntos relacionados con ese mundo. Es cierto que el joven, a pesar de su juventud, es un deportista nato, de cuerpo y mente. Un tipo sano.

Lo tienen claro, me congratulé. En tiempos en los que se banaliza todo, en los que nada importa, en la época en la que proliferan como setas los denominados ‘NI-NI’ (ni estudian, ni trabajan), es gratificante dar con personas con proyectos personales, con interés en su formación académica, pensando en su futuro.

Continuamos con nuestra conversación y ambos jóvenes hablaron de que, cuando loguen completar los estudios académicos referenciados (que saben que serán tiempos complejos, rodeados de mucho esfuerzo y sacrificio), intentarán completarlos con otras formaciones, como másteres, estudios de postgrado o cursos de especialización; incluso la chica, llegó a hablar del doctorado. Le dije que fuera paso a paso, que me parece bien tener el objetivo puesto en ese punto tan elevado del camino, aunque deberá esforzarse mucho durante largo tiempo y la propia evolución de su vida, la irá llevando a un lugar u otro. De todas formas, la animé a continuar con esa forma de pensar.

El chico, animado en este punto de nuestra charla, me decía que, cuando trabajara, le gustaría ir formándose de manera constante, buscando la especialización en su sector y no dejando de avanzar en sus estudios-tareas. Loable.

En definitiva, dos personas jóvenes, sanas y activas, con las circunstancias de su edad, con sus amigos, sus aficiones, sus problemas y sus granos, que se plantean organizar un futuro profesional a través de una sólida formación. Estudiarán lo que quieran, viajarán y trabajarán donde haya trabajo, conocerán a gente en la que apoyarse para avanzar en sus vidas y, con esa manera de pensar que tienen hoy, estoy convencido que llegarán donde quieren. No es habitual y por esto lo escribo en este espacio.

Finalizando nuestra charla, felicité a ambos y les comenté que ahora ya pueden hacer un trabajo fundamental para lograr las metas futuras: estudiar y aprobar las asignaturas de sus respectivos cursos y así, dar un paso más cada día en su camino personal.

Gracias por esa actitud y Dios quiera que lo logréis, hijos.